"Nunca habrá libertad para el ser humano si no se encadena a la economía"

La tarde se prestaba a la reconciliación, al recuerdo pacífico. Volver a vivir aquellos hechos no siempre es desagradable si quien lo hace está dispuesto a contarlo de aquella forma, de aquella manera.

Premio Adonáis (1982), Premio Loewe (1993), Premio Nacional de Literatura (1994), Premio Nacional de la Crítica... a pesar de todo, decir Luis García Montero, es decir sencillez. Montero, en su discurrir natural de las cosas, desnuda tu percepción, a la par que escuchas como tu razón no se resiste a enjuagar sus ánimos, cuando le golpean reflexiones con sentido, con fundamento, como las que prodiga el escritor granadino. Porque podemos estar más o menos de acuerdo, podemos cuestionar las teorías, incluso mantenerte firme en tus creencias, pero lo que no podemos negar es: cuando las cosas se dicen de esta manera, al menos, lo más justo, es dejarle un hueco a la duda razonable, al pensamiento de que todavía merezca la pena compartir unos segundos de tu tardío y acelerado tiempo, para escuchar a quienes, tan solo, y solo es decir mucho... aún tienen cosas que decir.

La presentación de la charla-coloquio corría a cargo de Juan Morillo (coautor de la obra "El Romance de El Aguaucho"). J. Morillo recordaba una anécdota de tiempo atrás, en la que, orgulloso de haber visto en televisión a dos artistas de renombre reconocerse como "rojos", Sebastián, recorría calle abajo, feliz en su semblante afirmando, aquella que para él era hazaña de merecido recuerdo, y no menos justo de compartir, con los amigos e incluso con los no tanto. En esta se cruzó con Juan, y contó tal hecho que había contemplado. En su discurso de presentación, Juan, utilizó esta anécdota, para realizar un símil, con la presencia aquella tarde en la sala del Salón de Llera y Díaz: "Hoy, de la misma forma, también tenemos dos rojos, que no solo son, sino que se dicen serlo", afirmó Juan Morillo.

Tras esta, más que propia presentación, comenzó más que un discurso, el fluir discurrido de quien no solo habla, sino que la narración vive perenne en su voz; Luis García Montero saludaba a los presentes y comenzaba aquella charla. Montero confesaba "no considerar la crisis actual tan solo como económica; más bien cultural y política. Una cultura, que intentan imponer a la sociedad por el cruel, injusto y nefasto método de la imposición".

L. Montero confesaba, con el sentimiento de saber que lo que iba a decir a continuación, era tan cierto como doloroso: "los vencedores se adueñan del pasado y suelen contarlo a su forma. Adueñarse del pasado, es adueñarse del futuro", afirmaba con tristeza.

El escritor y poeta considera que "el Golpe de Estado del 36, se vendió como una intervención ante la amenaza de poderes extranjeros (una democracia como la puerta de entrada al gobierno del proletariado y de las clases pobres) y en la que, temerosos del comunismo, se inclinaron hacia soluciones autoritarias,  cuando desde el exterior lo que había realmente no era democracia ni comunismo; era el totalitarismo nazi (alemán) y fascista (italiano)". Por ello, Montero estima que "no hubo justificación para interpretar a la República existente en aquella época como un movimiento u organización violenta".

Desde aquel momento, "la situación que comenzó a vivirse conllevó a un viaje al pasado. El auge que se inició en los años 20, con el modernismo, se volvió, a un ritmo acelerado tras la Guerra Civil, a una regresión al pasado con el consiguiente retraso cultural adyacente", afirma L. Montero.

Los libros de Literatura hablan que la Guerra Civil provocó muertes de igual a igual en ambos bandos, y aconsejan realizar un pacto de olvido por aquello; García Montero no cree que fueran de igual a igual, ni que deba permancer en el olvido.

G. Montero piensa que "la oligarquía capitalista del franquismo no desapareció con la transición hacia la democracia; se perpetúo dentro de ella. La dignificación que se pretendía, ha quedado por ende tapada por este sistema económico, que está machacando los bienes sociales. Unos bienes sociales, que tienen la paradoja de ser recriminados actualmente desde Europa, afirmando que hemos derrochado demasiado gasto en ellos cuando, si analizamos las políticas europeas, el destino de su PIB (producto interior bruto), ha sido mucho más elevado en ellos (Educación, Sanidad... etc.) que el que se ha realizado en España. Por tanto, dicta mucho de la realidad, la teoría del malgasto del dinero, referente a bienes sociales, en nuestro país". Reflexionando ante esto, Montero considera:  "Nunca habrá libertad para el ser humano si no se encadena a la economía".

Es necesario crear "un espacio social donde podamos vivir individualmente. La riqueza debe estar al servicio de los ciudadanos, y no al revés. Tener más la élite y menos la sociedad no creo que sea la solución a este problema", afirma G. Montero. Considera además, "que el mayor compromiso republicano es recordar lo que pasó para no repetirlo, y para liberarse de la oligarquía existente".

Entre tanta reflexión histórica, entre tantos pensamientos de ordenación, y organización social, Luis García Montero dejó un hueco para el recuerdo de su adolescencia, en un gesto de cercanía con los allí presentes, sincerándose con el respetable público en la sala: "No me hice poeta para construir un endecasílabo perfecto, o firmar un pié de página de un libro filológico; me hice poeta por compromiso. Por compromiso a Lorca, a Machado, Miguel Hernández, Alberti... compromiso por la libertad, por la emancipación humana".

Para finalizar, Montero, como síntesis englobadora de todo lo expresado en aquella sala que desde aquel día ha escuchado y sabe un poco más que ayer, leyó un poema suyo, "Coyur", que dedica a Machado y a quién lo ayudó y acompañó a salir de España: Ángel González. Qué mejor manera de terminar aquella charla, que hacerlo de esta forma, de aquella manera.

Como cierre al acto, Luis Naranjo (Director General de la Memoria Histórica), argumentó su pensamiento de la Memoria Histórica y de la República. Para L. Naranjo "la República debe salir a la calle, sacarla del cementerio". Considera igualmente que "el sistema de la Democracia no ha sabido curar los crímenes cometidos durante la Guerra Civil". Igualmente, expresó la dificultad que han tenido que hacer desde la Junta de Andalucía para sortear las dificultades legales para hacer efectiva la Ley por la Memoria Histórica Democrática. Por último, desveló como se censuraron los Programas Educativos de la época: "A mí mismo me encomendaron la labor de realizarlos, en los años 90 con Zapatero, y anteriormente, y realmente (conserva además los programas originales) no se hizo lo que se escribió". En resumen, considera Naranjo: en "Andalucía no hubo Guerra Civil tal y como se entiende por esta, el pueblo no se levantó en armas, fue un asesinato generalizado".

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