DiariodeSevilla publica un reportaje de la Vaqueriza fontaniega: Camino del Castillo SCA

La SCA Camino del Castillo, ubicada en Fuentes de Andalucía, construye una sala de ordeño que depura la leche con mayor rapidez y eficacia. La cooperativa ha creado 17 puestos de trabajo y reclaman más apoyo de industria y cadena distribución.

Desde leguas se conoce la vaca que ha de dar leche. Esta frase popular define perfectamente el olfato profesional de Andrés González Lora, que fundó en Fuentes de Andalucía, junto a su hermano Francisco, la Sociedad Cooperativa Agrícola (SCA) Vaqueriza Camino del Castillo hace poco más de 40 años, en 1972. Empezaron con dos vacas y, actualmente, poseen 1.300 cabezas de ganado, de las cuales 700 son de ordeño.

González Lora tiene a 17 personas empleadas en su cooperativa y, además, mantiene puestos de trabajo indirectos repartidos entre unas 80 empresas (laboratorios, cerealistas, veterinarios y agricultores).

El gran avance tecnológico de la cooperativa es la construcción de una nueva sala de ordeño con maquinaria de última generación, que permite identificar parámetros automatizados, cuya característica principal es que la leche es medida a su paso por rayos infrarrojos sin contacto directo con la misma. Así, se detecta si hay sangre en la leche, generando una alarma y, activando la retirada automática, advierte si hay una salida lenta de leche, es decir, la demostración fehaciente de que el ordeño manual pasó a la historia. Esta adquisición ha convertido a la SCA Camino del Castillo en una de las explotaciones ganaderas más punteras de la comunidad andaluza.

De hecho, su afán renovador queda puesto de manifiesto con la construcción de cuatro salas de ordeño en los últimos cuatro años. El coste total de esta última inversión se cifra en unos 600.000 euros, una inversión "necesaria", en palabras de Carmen González Tirado, hija de Andrés y contable de la empresa. Con respecto a la gestión de la nave, la experta en el mundo lácteo comenta: "Nos quedamos las hembras y los machos van para acebadero, salvo que sea muy bueno y lo dejamos para semental".

Las vacas se encuentran en condiciones ideales para ser ordeñadas tres veces al día, ya que duerme cada una en un cubículo en camas de arena, aspersores de agua y ventiladores en verano para que la temperatura de la nave baje 9 grados. Y, como máximo, hay 110 cabezas de ganado por patio. Además, se hacen analíticas todos los días. O sea, un control de la leche. "La vaca, si se estresa, da menos leche", afirma Carmen.Todo ese entramado de seguridad y confort vaquerizo procura obtener los mejores niveles de grasas y proteínas, así como eliminar las células malas de la leche. Puleva comercializa actualmente el producto lácteo que sale de la SCA Camino del Castillo. "Puleva paga por la calidad. Si superas el 3,70% de nivel graso en leche, abona un plus. Y nosotros lo superamos siempre", comenta Carmen González.

Cuanta más grasa, más mantequilla puede fabricar la comercializadora de turno. Desde septiembre de 2010, Puleva forma parte del grupo de origen francés Lactalís, el tercero más grande en el sector lácteo a nivel mundial y con presencia en más de 140 países. No en vano, la leche de esta cooperativa tiene desde hace tiempo el marchamo de la Doble A, que garantiza la máxima calidad del producto.

La alimentación de las vacas de Camino del Castillo consiste en Soypas (soja negra), maíz en copos, semillas de algodón, pulpa de remolacha y de tomate... Todo ello bien analizado.No obstante, Carmen se muestra contrariada con la situación actual del sector: "Las grandes superficies no miran por los ganaderos, porque el agua vale más dinero que la leche, la cual está como producto reclamo. Dan vales a los clientes para comprarla e incluso la regalan a veces. Y los costes de producción son ahora mucho más elevados. Por todo ello, esperamos que suba el precio de la leche en octubre".La familia González trabaja con denuedo todos los días desde bien temprano para elaborar un producto de primera necesidad con las máximas garantías. Pero no encuentra una respuesta a la misma altura en su entorno profesional: "No tenemos apoyo ni de la industria ni de la cadena de distribución ni del Gobierno. Nosotros llevamos más tiempo en crisis que el ladrillo. Y, a la hora de cobrar, somos el último eslabón. La industria nos ha puesto la zancadilla muchas veces".

El concepto de familia aplicado a la empresa siempre tiene aristas, momentos de tensión en los que la confianza permite desahogos y exabruptos entre sus miembros. Carmen analiza el día a día en el trabajo a las órdenes de Andrés, su padre: "Hay veces que hago algo y él me dice todo lo contrario, pero estoy muy contenta de trabajar aquí, porque tienes libertad y luchas por tu propia empresa como no lo haría por otra. Si discuto con mi padre, a la media hora le estoy hablando de nuevo. Tiene más ventajas que inconvenientes".

Carmen se desvive por la cooperativa, al igual que su hermano Antonio, a pie de vaca en todo momento. "A pesar de que veo a mi hermano harto de trabajar sin ganar el dinero que debe de ganar, me gustaría mantener el negocio por la tradición familiar. Si la cosa mejora, desearía que mis hijos estudiaran y se quedasen aquí", pone de relieve Carmen, que reconoce que "la cooperativa nunca ha tenido pérdidas, pero te hartas de trabajar para pagarle a la gente". Carmen quiere romper una lanza también a favor de su madre, Amalia, un gran pilar que ha jugado "un papel muy importante" en la vida empresarial de esta familia fontaniega.

La Junta de Andalucía premió a la SCA Camino del Castillo en 2011 por su trayectoria profesional de vanguardia dentro del sector ganadero sevillano y andaluz.

En más de 40 años de vida, en la fábrica de los ordeños ha habido anécdotas de todo tipo, como aquella vez en la que un brote de tuberculosis asoló al ganado de los González y 30 reses tuvieron que ser sacrificadas. Se superó con trabajo.

La saga de los González solicita que "se compre leche de primeras marcas, porque la marca blanca nos está hundiendo". Es una auténtica reivindicación de la calidad en los productos lácteos. "Llevo 34 años tomándome la leche cruda, sólo hervida", apostilla Carmen en un alarde de rememoración de otros tiempos en los que abundaba la leche con enjundia, con grandes dosis de nata y empaquetada en bolsas. Otros tiempos que nunca volverán.

Al realizar el ordeño, siempre deben realizarse dos tareas: desinfectar y sellar el pezón con agua destilada. Esto se realiza con una malla fabricada con manta de cielo (una tela de color blanco realizada con hilo fino). Al disparar un chorrito de leche hacia ésta, se debe observar si la leche sale sin grumos, puesto que esto puede significar que la vaca tiene mastitis.

El sellado del pezón se realiza con la misma solución con la que se limpian las succionadoras. La diferencia radica en que el pezón se va a limpiar totalmente con esta solución para cerrar el conducto lactífero. De esta forma se evita que el pezón se infecte. Si la succionadora generó una herida en el animal, pues éste tiene piel muy sensible, el yodo evitará una infección posterior.Todo un arte ancestral que también vive su particular adaptación a los tiempos modernos.

Fuente: DiariodeSevilla